
Mi estomago apreta el gatillo,
Prepara, apunta,
Y amenaza con romper hasta mis calzoncillos,
Le pido clemencia,
Para no tener que llegar a esas consecuencias...
Me siento en mi trono,
Y experimento los mejores placeres,
Gobernar tu interior,
Y dar rienda suelta a los que haberes...
Previamente me encontraba algo afligido,
Por sentir que no llegaba, al lugar de mi idilio...
Comienza el ritual,
Y ordeno abrir las puertas de la huida,
Para el chapuzón del moreno,
Que navegara por la cañería...
Gran clavado,
Llegue a quedar salpicado,
Pero la sensación de alivio es universal,
Me siento hasta mas liviano,
Como si estuviera en la luna, al pisar...
El abarcar del sujeto,
Al parecer era muy amplio,
Lo que se tradujo en quedar atrapado,
Y lo peor inmovilizado, pidiendo auxilio,
Balbuceando que alguien de apellido sopapo,
Acuda a su martirio...
Llego el héroe,
Hace lo que puede,
Sopapo succiona implacable,
Tratando de safar al moreno,
De la trampa que lo dejo ajeno,
A su naufragar por el rápido,
Mermando su consagración,
Como experto nadador...
Milagro, el moreno esta a salvo,
Y para mi tranquilidad,
En mi trono no hay nada que este estorbando,
Ya que por fin este se va a su hogar,
Ese paraíso de sustancias y olores,
Donde infinitamente va a navegar...


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